Mi vida ha cambiado tanto en tan poco tiempo que es como si nunca lo hubiese decidido. Me cuesta saber quién soy en este lugar. A veces necesito tirar de la tela del pasado para encontrarme, viajar por viejas palabras, reconstruir todo lo que me ha traído hasta aquí.
No me encuentro mal; pongo música, cocino, riego las plantas. Pero es como si no fuese yo. ¿o sí soy yo, y es que he cambiado?
Ojalá vuelva lo que sentimos en Cadaqués. Allí era siempre todavía.
sin camino a casa
palabras tan ciertas como ficticias
12 de julio de 2012
6 de julio de 2012
Y de repente vuelve a ser verano
El tercer verano para apostar un poco más, ya casi he puesto todo en juego.
Suerte que estos chicos siguen fabricando fuerza. Son energía en estado puro.
Suerte que estos chicos siguen fabricando fuerza. Son energía en estado puro.
3 de junio de 2012
Que súbitamente caiga un rayo y se haga la luz.
07:29 a.m. Si no me he dormido desde las cinco puede que lo esté intentando en vano. Me levanto, abro las cortinas y la ventana que da al balcón. Nunca había visto un cielo tan lleno de golondrinas. Hay cientos de ellas, piando y volando en todas direcciones. Me gustan sus siluetas contra el cielo claro; hay nubes contorneadas por el sol del amanecer. Recuerdo aquella vez que me mudé temporalmente a un séptimo u octavo y una familia de ellas vivían en la caja de la persiana del salón. Las oía caminar por dentro con sus pequeñas patitas y me encantaba.
¿Volverán las oscuras golondrinas
en mi balcón sus nidos a colgar?
Esta tarde toca Nacho Vegas en Barcelona. Mañana tengo un examen y la entrega de un trabajo. No sé si ser responsable o escaparme a verlo en secreto y concederme una lágrima más.
La lágrima podría ser, por ejemplo, porque me pregunto si volveré a ver un cielo así o la vida me llevará por otros amaneceres lejos de esta ciudad. Es un momento oscuro y me gustaría que cayese un rayo que hiciese la luz, un rayo que nos fulmine, como el de la canción. Sólo estoy segura de una cosa: independientemente del cielo bajo el que viva, será dentro de mi vestido con dibujos de golondrinas. Nada habrá de cambiarme tanto como para que dejen de encantarme, y eso me tranquiliza.
29 de mayo de 2012
Señora I
A veces no sé si vivo en una comedia o una fábula moral. Mi madre dice que vivir es vivir, y que si las cosas no salen bien ahora, cabe esperar que lo hagan más adelante. Tiene gracia que lo diga una mujer de cincuenta y pico y mi juventud esté preocupada por las malas decisiones y el paso inexorable del tiempo. Pero es que la Incertidumbre es la consigna que me ha acompañado estos últimos meses, y es un personaje molesto, inquietante, punzante e insistente. Las ideas se me enrollan como los cables de los auriculares, y por más que intento deshacer los nudos no encuentro la manera posible. Mi propio yo -si es que eso existe, pues tras tantas clases de posmodernismo uno empieza a dudarlo-, se está desgajando en una suerte de Dr. Jekyll y Mr. Hyde. En este caso no es tanto que uno se comporte bien y el otro haga maldades; sino más bien que uno es positivo, idealista y tranquilo, y el otro, poseído por la Señora Incertidumbre, es pesaroso y negativo, impaciente, bruto, violento. El segundo quiere acabar con la Sra. I sea como sea, incluso de forma abrupta y precipitada. Necesita calmar el desasosiego. El primero, convive con ella más o menos pacíficamente, confiando en que poco a poco se cansará y se acabará marchando.
Tarde o temprano tendré que deshacerme de una de las dos personalidades, aunque para quedarme con la primera, debe irse primero y por sí sola la Sra. Incertidumbre, y eso no es algo que esté en mi mano todavía. Si no se marcha, no habrá más remedio que optar por Mr Hyde, coger un cuchillo y arrancarla de mí aunque la sangre corra y la herida duela. El tic tac es ineludible, llega un momento en que no cabe lugar a esperas.
6 de mayo de 2012
Tu ausencia
Tu ausencia es una puta
que me aleja las puertas
y me acerca los monstruos;
que me acelera el corazón
y me ralentiza los miembros.
Tu ausencia
son todos los objetos inertes
que algún día fueron tuyos
y ahora están conmigo.
Son todos los yo que fuiste
que vuelven a mi pensamiento.
Tu ausencia
es un silencio de voces
y el ruido deshumanizado
de los coches de afuera.
Es el frío en la piel,
la angustia en el estómago
y la anestesia en el cerebro que
torpemente me impongo.
Es la falta de aire
y el exceso de espacio.
Es el hueco en mi vida
que ya no es mío, sino tuyo.
Es tu lado de la cama.
Cuéntame cómo deshacerme
de algo que no me pertenece.
que me aleja las puertas
y me acerca los monstruos;
que me acelera el corazón
y me ralentiza los miembros.
Tu ausencia
son todos los objetos inertes
que algún día fueron tuyos
y ahora están conmigo.
Son todos los yo que fuiste
que vuelven a mi pensamiento.
Tu ausencia
es un silencio de voces
y el ruido deshumanizado
de los coches de afuera.
Es el frío en la piel,
la angustia en el estómago
y la anestesia en el cerebro que
torpemente me impongo.
Es la falta de aire
y el exceso de espacio.
Es el hueco en mi vida
que ya no es mío, sino tuyo.
Es tu lado de la cama.
Cuéntame cómo deshacerme
de algo que no me pertenece.
5 de mayo de 2012
Lenguangustia
Desde donde las palabras se hacen
eco eterno
te pienso y te ordeno,
y nos coloco en un marco
al que tú cada noche
le transformas caprichosamente
el color.
A veces es gris,
otras, negro como el pozo más profundo
o violeta violento, viento que golpea.
Viento virulento.
Siento
piedras pesadas en el pecho,
Miento
cuando aparento calma.
Cuando enfrío lo que surge
directamente de las entrañas,
-lava solidificada-,
cuando lo coloco en el marco,
y lo puedo analizar y describir
como datos estadísticos sin alma: Miento.
Mentimos en marco rojo sangre,
o gris, o negro, o violeta,
cuando es más blanco que la nada mentimos,
cuando se torna rosáceo, mentimos.
Y no hay en realidad
líneas donde encuadrar
tus contradicciones, las mías,
los altos y los bajos,
las líneas curvas,
los acantilados.
Me devano los sesos
desentrañando las palabras,
buscando las palabras,
decodificando las palabras
deconstruyendo las palabras
hasta su unidad mínima.
Enloquezco entre ecos
del dijiste y del dirás,
pero es insalvable
la carencia del significado.
Signos vacíos,
signos multisémicos,
multiplicados,
multiformes.
Imposible enmarcar
imposible entender
imposibles palabras
ecoicas palabras
tragar palabras
vomitar palabras
vomitar mentiras
mentir
mentir
mentir
mentir
mentir
eco eterno
te pienso y te ordeno,
y nos coloco en un marco
al que tú cada noche
le transformas caprichosamente
el color.
A veces es gris,
otras, negro como el pozo más profundo
o violeta violento, viento que golpea.
Viento virulento.
Siento
piedras pesadas en el pecho,
Miento
cuando aparento calma.
Cuando enfrío lo que surge
directamente de las entrañas,
-lava solidificada-,
cuando lo coloco en el marco,
y lo puedo analizar y describir
como datos estadísticos sin alma: Miento.
Mentimos en marco rojo sangre,
o gris, o negro, o violeta,
cuando es más blanco que la nada mentimos,
cuando se torna rosáceo, mentimos.
Y no hay en realidad
líneas donde encuadrar
tus contradicciones, las mías,
los altos y los bajos,
las líneas curvas,
los acantilados.
Me devano los sesos
desentrañando las palabras,
buscando las palabras,
decodificando las palabras
deconstruyendo las palabras
hasta su unidad mínima.
Enloquezco entre ecos
del dijiste y del dirás,
pero es insalvable
la carencia del significado.
Signos vacíos,
signos multisémicos,
multiplicados,
multiformes.
Imposible enmarcar
imposible entender
imposibles palabras
ecoicas palabras
tragar palabras
vomitar palabras
vomitar mentiras
mentir
mentir
mentir
mentir
mentir
19 de abril de 2012
Consciencia
Compré unas velas nuevas que huelen a Violeta; unas elegantes, que transmiten sosiego y pulcritud. Lo hice como si comprar velas fuera el principio del fin del laberinto. Me dije a mí misma que cuando estuvieran colocadas y encendidas sería distinto. Faltaban en mi habitación como ahora faltan tantas otras partes de mí; es como haber perdido las extremidades y no saber dónde están para llevarlas al hospital contigo y que puedan cosértelas. No existen hospitales para la consciencia de uno mismo. No existe mapa mágico que ayude a encontrarte. A veces me gustaría despegarme de la realidad como un cromo, salir de esa red que se teje continuamente hasta el infinito, y a la que nunca le sigo el ritmo, en la que corro sin aliento. Hoy, en clase de poesía, ella hablaba sobre Chantal Maillard, que sostuvo que el mundo de los conceptos es cómodo y reconfortante, pero inexistente. Tan sólo existe esa red que se está tejiendo y transformando, como un mapa neuronal o como el Universo, y sólo habitamos en la superficie de ella, en el ahora, en lo simultáneo: eso es lo único verdaderamente real. No hay verdad alguna, ni esencia, ni respuestas bajo la misma. Las abstracciones mediante las que pensamos el mundo no son reales, sino un refugio en que el hombre escapa a lo que acontece. Y yo pienso: ¿refugio? Ojalá. Es cierto que existen conceptos reconfortantes, por eso el hombre inventó un dios, temeroso y sospechoso de que no hubiese nada bajo la red, nada más allá que una constante transformación de materia sin sentido. Sin embargo algo se le escapaba a Maillard. Esos conceptos e ideas mediante las que conceptualizamos todo, también duelen. No actúan como refugio tanto como parece, o al menos no actúan únicamente así. Sobre todo cuando chocan contra la superficie, de la que en el fondo somos muy conscientes. Casi nadie es tan listo como para lograr escapar del todo a lo que acontece sólo con abstraerlo en un par de conceptos.
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